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RINOCERONTE

Érase un reloj de sol mal encarado
¿No es asombroso que valga doce sílabas?

Si cuento a uña los peces y las uvas
Obtengo la rutina de la resta y de la suma

Pero un idioma de aceite y meteoro
No se conforma en tan poca eucaristía

Híbrido de Jano y de Afrodita
El diccionario divide y multiplica

Socializa las pérdidas con ex
Comunismo de haplología

Érase un hombre a una nariz pegado
El unicornio secreta versos muy finos

Hipérbaton de la memoria anisosilábica
Quevedo vs Góngora en Puerto Banús

Privatiza esa línea que el olfato tantea
Con precisión ludópata

La flor aritmética de la avaricia
El amor creativo de la saliva

Prestádselos un rato a mi ojo ciego
Que se dilata cuanto más se estrecha

Dame cuerda hasta que no me digas
Que tengo que aplastar tu calentura

Mientras tanto oraré
El otro día vinieron a fotografiarme

NOTA
No era intención de este papiro evocar la fortuna de la tercera persona de la dialéctica, pero dimite un teólogo, renuncia a la figura que soñó Miguel Ángel y permanece vivo. Por lo demás cualquiera sabe que los dedos de los pies del rinoceronte tienen forma de trébol ordinario.