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CABO DE PEÑAS

No soy sidrero aunque quizá lo sea otro día
Pero crecí poco a poco entre manzanas

Pommes d´arbre para ser más preciso
Y enamorado de la ilustración francesa

Subir a los árboles y degustar una de esas
Promesas que dora el sol que las imita

Sidrero es quien toma en cualquier momento
El principio y el fin de una curva periódica

Y reconoce enseguida la intención del oxígeno
Enmascarado en la hucha de la tierra

Saltar de las ramas personalmente achispa
Sobre el cristal escuálido de un vaso

Y allí pulverizado frecuentar tus labios
Y emitir la espuma de los días nostálgicos

Que se deslizan hacia el mar Cantábrico
Que los mineros sienten alborotado

Tal que filólogos ante el advenimiento
De esa palabra corriente y licenciosa

Veintiún centímetros entre la majestad
De la emoción que discurre y recapacita

La variedad es el arte en que la resistencia
Entrega a las olas el único pez redondo

Vestido de sal como todo concepto
En la batidora del pensamiento

Detrás del horizonte está el acto puro
Del habla metalúrgica de las manzanas

Y no sabe a miel ni a uva ni a naranja
Ni a confidencia ni a látigo ni a sombra